No tenés edad, pero aún así siempre es un buen día para recordarte. 
Te doy las gracias, por enseñarme y abrirme puertas a lugares mágicos, inexplicables, enseñás, expandís, esa tu mejor virtud.



Ensoñando a Luis:

Aguas claras iluminan el verde de tu bosque todo
y tu voz-viento sopla en mi oído, descifrando el mensaje
que encripta el mandala:

En el frondoso corazón de este verde silencioso
desnuda yace la humanidad absorta.

Aguila dorada, no abras vuelo todavía,
cruzaré el umbral cada noche a tu encuentro
y me fundiré allí, empapada en lágrimas diamantes.
Y cantará la luz transparente en la alborada.