Vos no creés en la magia.
Pero yo sí.
Te invoco.
No necesito verte siquiera
sólo calcándote en mi mente,
recorriendo tu cara, tu cuerpo.
Te invoco y me enciendo.
Entre la luz y la oscuridad
naufrago.
A veces, tanteando a ciegas
y otras, claras, seguras y firmes.
Yo sé que no creés en la magia.
Pero la magia existe, es magia.
Real o ilusión.
Es magia.
Y no me vengas con qué no.
Lo que traspasa mi cuerpo
no puede ser otra cosa.
Hoy, mientras te invocaba
se prendió medio cielo,
y como escena de cine, volaron cien pájaros.
Si hubieras visto lo que yo ví...
Cien pájaros plateados por la luz
como papel picado, frente a mis ojos
con un cielo mitad iluminado, entre en pausa y en calma
palpable, presente.
Vos no creés en la magia.
Y eso te hace un mago torpe, infantil.
Aunque no lo adviertas:
sos el mago más poderoso.
Y simplemente lo sé
porque traspasa mi cuerpo
y eso
no puede ser otra cosa.

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