Bondi Nuclear


 

Como una imbécil, espero ese bondi que no llega.

Sostengo entre las manos la ilusión de un destino

disfrazado de futuro y de proyectos insípidos,

pero brillosos.

Siempre yo, esperando a ese colectivero psicópata,

rey del volante,

en ejercicio legítimo de su poder,   

que me hace creer que va a frenar, que me espera

pero no es cierto.


Todo es cuestión de adaptación y sincronía

pero la coincidencia es pura suerte, adaptarse está sobrevalorado

y la calle está oscura, la espera se hace eterna

aprieto las muelas y rumeo fantasías que me alejan de los peligros

que ahí acechan,

y me observan.


Hay algo magnético en todo este tedio,

la adrenalina que aporta esta inestabilidad

es energía que corroe las sienes, es pulsión de muerte,

olor a meo, y colillas apagadas.


Sigo ahí,

esperando.

Parada en medio de una realidad a punto de desmoronarse,

una tensa calma que necesita el mínimo estímulo, para explotar por los aires.

Quiero llegar,

pero ya ni sé muy bien a dónde, ni si vale la pena tanto hastío,

tanto amague, tantos cambios de recorrido.


Cansada de la expectativa que genera el vacío,

esperé

durante mucho tiempo

a un colectivo que me lleve a alguna parte,

siempre es alguna parte.

y en esa espera, lejos de desesperar

ahuecada de horror y llanto

llegué hasta mí.