¿DE QUÉ NOS DESPEDIMOS LOS DOMINGOS?



La ansiedad llueve torrencialmente y
tanteo a ciegas para saber que toco
Corriendo el riesgo de chocarme 
con las sillas del desamor 
la mesa de las degracias 
el aparador realidad
Llueve a cántaros esta ansiedad 
que cae a chorros por mis ojos y me mantiene alerta, exhausta.
Un rayo lo ilumina todo y estoy sana
ningún hueso roto.
Será mejor no espantarse de la lluvia
dejarse mojar por lo que moje 
y estarse quieto hasta que cese la tormenta.

La serotonina de hoy es el cortisol de mañana




Cuando se les termine la droguita
Cuando se les acabe esa costumbre
De cartelear y teorizar
que van por libres
y livianos
mientras consumen
seres que aman
por turnos
y manosean las miserias
que les termina quemando,
huyendo del amor y de la falta
sin asumir
ni tener idea
¿qué se hace con los problemas?
¿con los silencios y los ahogos?
Cuando no quede más cuerpo
para emprender esa búsqueda constante
de químicos...
Chocaran.
contra todo,
contra ellos.
Y no tendrán otra que aceptar y
llorar para adentro.

 

 

                                                                                “No ignores la belleza de este mundo extraño”



Con dos lechuzas en los ojos

y la buena suerte en la boca,

Hermoso Misterio, durmió sobre mí

en una noche de invierno,

lluviosa y espesa.

Lo miré muy atenta

tratando de saber en dónde estaba roto

¿por dónde sangra ese cuerpo?

¿qué lo sostiene?

Pero sólo sonrió

y la herida se llenó de vino,

las manos de líquidos

y nosotros de sonidos

y respiraciones

cerca

muy cerca…

Sentí un escalofrío.

¿A quién ama, Hermoso Misterio?

¿por qué cosas llora

de angustia,

de rabia?

¿quién lo golpeó?

¿a quién golpearía?

Hermoso Misterio convivió con los muertos

y le temió a los vivos.

Lo encontré empapado,

en la puerta de mi casa.

Estaba perdido,

olfateando con las manos,

tanteando a ciegas,

viendo qué pasa,

sin planes

pero con fuego

y sed

mucha sed.

Luego lo ví partir... y pensé:

"es fácil confundir los sueños con la realidad

adictivo y peligroso".

Pero una noche de invierno

lluviosa y espesa…

qué hermoso misterio

puede volverse la vida.

¿Cuánto vale tu excedente?

                                                                              Al gran Ioshua, poeta con el corazón en la mano. 


Pareciera que despellejarse ante un montón de gente
impacta, imanta y plusvalía.
Cortarse los brazos
sangrar a carne viva,
ser penetrada por todos los agujeros disponibles,
escupida,
castigada.
Abrir el pecho ante todos ustedes,
estupefactos, boquiabiertos,
que observan, con la curiosidad de los gatos
pero teorizan con la razón del idiota.
Voy a dejar correr la sangre
para mancharles las zapatillas,
voy a agarrar todo este horror y todo este asco
para incrustarlo en sus pupilas
hasta que se aburran,
o les parezca demasiado,
y vuelvan a sus casas en busca de animalitos nuevos. 





Tontos alienígenas👽

 


Hoy pasé el día entero con mis amigos:
como exorcismo
y reposo.
Descansé
de tanta pose ajena
e ideítas
atadas con dos hilos
a la fuerza
que no cierran.
Hoy descansé
con mis amigos
del horror del mundo y de la sangre
del adn y los calendarios
las desgracias y las coincidencias.
Noble contención
esta red que me sustenta
Siempre
siempre
descanso
en mis amigos.

Bondi Nuclear


 

Como una imbécil, espero ese bondi que no llega.

Sostengo entre las manos la ilusión de un destino

disfrazado de futuro y de proyectos insípidos,

pero brillosos.

Siempre yo, esperando a ese colectivero psicópata,

rey del volante,

en ejercicio legítimo de su poder,   

que me hace creer que va a frenar, que me espera

pero no es cierto.


Todo es cuestión de adaptación y sincronía

pero la coincidencia es pura suerte, adaptarse está sobrevalorado

y la calle está oscura, la espera se hace eterna

aprieto las muelas y rumeo fantasías que me alejan de los peligros

que ahí acechan,

y me observan.


Hay algo magnético en todo este tedio,

la adrenalina que aporta esta inestabilidad

es energía que corroe las sienes, es pulsión de muerte,

olor a meo, y colillas apagadas.


Sigo ahí,

esperando.

Parada en medio de una realidad a punto de desmoronarse,

una tensa calma que necesita el mínimo estímulo, para explotar por los aires.

Quiero llegar,

pero ya ni sé muy bien a dónde, ni si vale la pena tanto hastío,

tanto amague, tantos cambios de recorrido.


Cansada de la expectativa que genera el vacío,

esperé

durante mucho tiempo

a un colectivo que me lleve a alguna parte,

siempre es alguna parte.

y en esa espera, lejos de desesperar

ahuecada de horror y llanto

llegué hasta mí.

 



Sonría, muestre los dientes.

Regale su mejor pose

y espere…

que lo vean, que lo halaguen,

que lo quieran.

Sonría, aquí el horror no se muestra.

Despliegue su vanidad y muestre su mejor perfil.

Afuera hay hambre, desidia, cadáveres y olor a podrido.

Pero sonría, ya lo están amando,

aceptando, adoptando, perteneciendo.

No importa cómo

ni cuándo,

para la foto sonría,

mientras dure, mientras pueda,

mientras muera.


Tu vida transformó la mía, y eso es verdad.


 


Feliz vida. Feliz todo por siempre!

https://www.youtube.com/watch?v=B8GM1yLqj9c


ven, amamántame con tu pecho solitario
quiero estar seguro
vuelcan autos sobre el lago
caramelo soy sobre tu altar rosado
clan de ritmos rotos
crío cerdos que como
en el reducto de los corsarios compré un poco de pan
ellos se creen que son geniales y yo no sé quién soy
expectante entre ambos se desempeña el número cinco
ese rancio sol que corre entre los tejidos
un columpio de mandarinas va a la velocidad
de la derrota de los carteros castrando un semental
ya que el ángulo visual es limitado
voy a pedirte que me tires un centavo
garrapata de amor come, muerde sobre ambos
gata gula de gol gimiendo eternos
ven, amamántame con tu pecho solitario
quiero estar seguro
vuelcan autos sobre el lago
caramelo soy sobre tu altar rosado
clan de ritmos rotos
crío cerdos, como cachos
esta parte que te interesa está también en mí
el decorador del hielo crea un sapo vertebrado
yo mismo, el gran galán, en este muy feliz cumpleaños
feliz, feliz cumpleaños

Todos nos vamos a morir

Epitafio:

Cuando muera
Regala lo que queda de mi
A los niños
Y a los viejos que esperan la muerte.(Y los animalites, obvio)
 
Y si necesitas llorar
Llora por tu hermano
Ese que va caminando a tu lado por la calle.
Y cuando me necesites
Pon tus brazos
Alrededor de cualquiera
Y dale
Lo que necesitas darme.
 
Quiero dejarte algo
Algo más
Que palabras
O sonidos.
 
Búscame
En la gente que he conocido
O amado
Y si no puedes dejarme ir
Al menos déjame vivir en tus ojos
Y no en tu mente.
 
Tu puedes amarme más
Dejando
Que las manos toquen otras manos
Dejando que los cuerpos toquen otros cuerpos,
Y dejando ir
Al niño
Que necesita ser libre.
 
El amor no muere
La gente si lo hace.
Entonces, cuando todo lo que quede de mí
Sea amor,
Regálame.

Te veo en casa
En la tierra.

 Merrit Malloy

Apenas un borrador

No sé si sos real.
A veces soy yo la que se tira piedras
Y desconfía
Y descree.
Tu aparición es código morse,
cosquillitas en el sillón,
pan con manteca a la mañana
y fotografía.
Todavía no sé si sos real
pero me siento agradecida.
Y si te desvaneces con el primer rayo de realidad, no me importa.
Voy a ser menos piedra
Y más río.

Un vaso de agua no es el mar.



Ayer se murió Matías
y yo me acordé de vos.

La muerte a algunos los
encuentra desprevenidos

Y si bien viven al borde
se perciben inmortales.

Zafó de muchas, montones.
Pero bueno... ya no está.

Vos la buscaste una vez
como un rápido escape
al dolor insoportable.
Querías morirte porque
no te aguantabas más nada.
No sé quién fue que te encontró
pero tu plan no salió bien.

Después de la gran noticia
de tu suicidio fallido,
te llamé para decirte:
No te vuelvas a morir, ok?
No tengo nada para vos,
pero te quiero presente
para que alguna vez más
tirados en una cama
vos me leas en voz alta
"Música de cañerías"
o me sostengas la frente
mientras vomito tu patio.

Nunca tuvimos mucho más
y nadie tiene a nadie.
A todos nos va a encontrar
tengas o no quién te llame,
distraídos o conscientes.

Pero si hoy se te diera
por no aguantar más nada,
de nuevo te llamaría
para gritarte bien fuerte:

No te vuelvas a morir, ok?


Le Petit Bateleur





Vos no creés en la magia.
Pero yo sí.                                                                          
Te invoco.                                                                          
No necesito verte siquiera                                                
sólo calcándote en mi mente,                                               
recorriendo tu cara, tu cuerpo.                                             
Te invoco y me enciendo.                                                
Entre la luz y la oscuridad                                                    
naufrago.                                                                              
A veces, tanteando a ciegas                                                
y otras, claras, seguras y firmes.                                          
Yo sé que no creés en la magia.                                          
Pero la magia existe, es magia.                                            
Real o ilusión.                                                                       
Es magia.                                                                              
Y no me vengas con qué no.                                               
Lo que traspasa mi cuerpo                                                   
no puede ser otra cosa.                                                       
Hoy, mientras te invocaba                                                    
se prendió medio cielo,                                                         
y como escena de cine, volaron cien pájaros.                       
Si hubieras visto lo que yo ví...                                                 
Cien pájaros plateados por la luz                                           
como papel picado, frente a mis ojos                                     
con un cielo mitad iluminado, entre en pausa y en calma               
palpable, presente.                                                               
Vos no creés en la magia.                                                    
Y eso te hace un mago torpe, infantil.                                  
Aunque no lo adviertas:                                                        
sos el mago más poderoso.                                                 
Y simplemente lo sé                                                              
porque traspasa mi cuerpo                                                   
y eso                                                                                     
no puede ser otra cosa.




Registro de Ansiedad Nº 1


Se me tensa la mandíbula. 
Inconscientemente aprieto las muelas hasta que se me parte la cabeza. 
Las horas que paso despierta se convierten en un sin fin de pensamientos inútiles, aplastantes. 
Me siento encerrada, pero desde hace rato.
Desde los omóplatos hasta la cervical, siento una roca fría, pesada, que apenas puede sostener la cabeza. Me preocupo, somatizo, pienso en cómo salir. Pensar me duele. Me callo, pero me miento.
Vuelvo a sentirme encerrada. 
El estómago se convierte en una olla a presión, un caldero con un mejunje maligno que no para de borbotear y hacer ruidos rarísimos. 
La concatenación de pensamientos. Uno tras otro. Todas las cosas que podrían llegar a salir mal, cuál sería mi salida. Pienso, analizo. Actúo como el orto, porque no actúo. Me culpo. Me quedo quieta, encerrada, buscando la llave a la que le dí dos vueltas.


"Cartas al rey de la cabina"- Luis Pescetti

Querido Rey de la Cabina:
¿Por qué llamamos amor al amor?
Con lo que cuesta, con lo que duele,
con lo que tarda, con lo que arde,
con lo que falta, con lo que quema,
con lo que ausencia, con lo que tiene,
con lo que viene, con lo que ahueca,
con lo que silencia, con lo que canta,
con lo que arrulla, con lo que leche,
con lo que vibra, con lo que abraza,
con lo que olvida, con lo que vida,
con lo que pajarito, pajarito,
caracolito tan poco mío y de nadie.
Yo, que nunca te tendré.
Y aunque no te lleguen mis correos
te escribo,
y aunque no sepa si los lees,
te escribo.
Te escribía.
Porque voy a cerrar mi casilla, caracolito,
ya no voy a buscarte en los bares
de mi buzón de entrada,
ni en la esquina de cada mail.
Cuando una dice que se despide (lo siento ahora),
lo hace con la esperanza mágica de que…
lo hago,
con la esperanza mágica de que aparezcas,
o de que si yo corro el telón, habré sido yo,
y no tu silencio.
Por lo que es casi seguro, que te busque unas veces más.
Pero ya cierro esta casilla que me cierra.
Voy a enterarme de qué trata la soledad, ahora,
y que el vacío de no tenerte, ni esperarte,
busque,
o me lleve,
o sea lo que sea.
Te amé, tanto, tanto.
Te amo, pero te amé.
Tanto.
Adiós, en quien te conviertas.
Paloma





Sur-Realismo




¿Alguna vez sentiste que te morías de tristeza?
¿Qué el desamor era causa de muerte?
Considérate afortunado.
Dicen que en el futuro no habrá tiempo ni para eso.
Así que, gracias. 
Por obligarme a construir escudos.




Un cuentito en cuarentena.



«Mujeres desesperadas», Samanta Schweblin.

Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto. Desprende del tul algunos granos de arroz. Apenas puede adivinar el paisaje: el campo, la ruta y el baño.
Quiere llorar, pero todavía no puede. Corrige los pliegues del vestido, se mira las uñas, y contempla, cada tanto, la ruta por la que él se ha ido. Entonces algo sucede:
-No vuelven- dice una mujer.
Felicidad se asusta y grita. Por un segundo cree encontrarse frente a un fantasma. Intenta controlarse, pero el cuerpo no deja de temblarle. Mira a la mujer: nada parece sobresaltarla, tiene una expresión vieja y amarga, aunque conserva entre las arrugas grandes ojos claros y labios de perfectas dimensiones.
-La ruta es una mierda- dice la mujer. Saca de su bolsillo un cigarrillo, lo enciende y se lo lleva a la boca- Una mierda. Lo peor…
Una luz blanca aparece en la ruta, las ilumina al pasar, y se esfuma con su tono rojizo.
-¿Y qué? ¿Vas a esperarlo?- dice la mujer.
Ella mira el lado de la ruta por el que, de volver su marido, vería aparecer el auto, y no se anima a responder.
-Nené- dice la mujer, y le ofrece la mano.
Ella extiende con duda la suya y se saludan. Los movimientos de Nené son firmes y fuertes.
-Mirá- dice Nené; se sienta junto a Felicidad- voy a hacértela corta- pisa el cigarrillo apenas empezado, enfatiza las palabras- se cansan de esperar y te dejan. Eso es todo. Parece que esperar es algo que no toleran. Entonces ellas lloran y los esperan… Y los esperan… Y sobre todo, y durante mucho tiempo: lloran, lloran y lloran todavía más.
Aunque lo intenta, Felicidad no logra entenderla. Está triste, y cuando más necesita del apoyo fraternal, cuando sólo otra mujer podría comprender lo que se siente tras haber sido abandonada junto a un baño de ruta, ella sólo cuenta con esa vieja hostil que antes le hablaba y ahora le grita.
-¡Y siguen llorando y llorando durante cada minuto, cada hora de todas las malditas noches!
Felicidad respira profundamente, sus ojos se llenan de lágrimas.
-Y meta llorar y llorar… Y te digo algo: esto se acaba. Estoy cansada, agotada de escuchar a tantas estúpidas desgraciadas. Y una cosa más te digo… -se interrumpe, parece dudar, y pregunta- ¿Cómo dijiste que te llamabas?
Ella quiere decir Felicidad, pero se traga el llanto, hipando.
-Hola… ¿Te llamabas…?
-Fe, li…- trata de controlarse. No lo logra, pero resuelve la frase- cidad.
-No, no, no. Ni se te ocurra. Por lo menos aguantá algo más que las demás.
Felicidad empieza a llorar.
-No. No voy a seguir soportando esto. No puedo. ¡Felicidad!
Ella fuerza una respiración ruidosa y retiene el llanto, pero enseguida la situación le es insostenible y todo vuelve a empezar.
-No puedo creer, que él…- respira- que me haya…
Nené se incorpora, mira a Felicidad con desprecio y se aleja furiosa, campo adentro. Ella intenta contenerse, pero al fin se descarga:
-¿Desconsiderada!- le grita, pero después se incorpora y la alcanza- espere… No se vaya, entienda…
Nené camina ignorándola.
-Espere- Felicidad vuelve a llorar.
Nené se detiene.
-Callate- dice- ¡Callate tarada!
Entonces Felicidad deja de llorar y Nené le señala la oscuridad del campo.
-Callate y escuchá.
Ella traga saliva. Se concentra en no llorar.
-Bueno, ¿y? ¿Lo sentís?- mira hacia el campo.
Felicidad la imita, intenta concentrarse.
-Lloraste demasiado, ahora hay que esperar a que se te acostumbre el oído.
Felicidad hace un esfuerzo, tuerce un poco la cabeza. Nené espera impaciente a que ella al fin comprenda.
-Lloran…- dice Felicidad, en voz baja, casi con vergüenza.
-Sí. Lloran. ¡Sí, lloran! ¡Lloran toda la maldita noche! ¿No me vez la cara? ¿Cuándo duermo? ¡Nunca! Lo único que hago es oírlas todas las malditas noches. Y no voy a soportarlo más, ¿se entiende?
Felicidad la mira asustada. En el campo, voces y llantos de mujeres quejumbrosas repiten a gritos los nombres de sus maridos.
-¿Y a todas las dejan?
-¡Y todas lloran!- dice Nené.
Entonces gritan:
-¡Psicótica!
-¡Desgraciada, insensible!
Y otras voces se suman:
-¡Dejános llorar, histérica!
Nené mira hacia todos lados. Grita al campo:
-¿Y qué hay de mí…? ¿Qué hay de las que hace más de cuarenta años que estamos acá, también abandonadas, y tenemos que oír sus estúpidas penitas todas las malditas noches? ¿Eh? ¿Qué hay?
-¡Tomate un calmante! ¡Loca!
Felicidad mira a Nené y comprende cuánto más grande es la tristeza de aquella mujer comparada con la suya. Nené se muerde los labios y niega. En el campo los gritos son cada vez más violentos.
-¡Vení, turrita!; ¡vení y da la cara!
-Vení, dale. A ver cuánto te dura esta nueva amiguita…
-¡Dónde estás vieja! ¡Hablá infeliz!
-¡Cuando vos ya estabas acá llorando nosotras todavía salíamos con ellos desgraciada!
Algunas voces dejan de gritar para reírse.
Nené se deja caer y se sienta resignada.
-¡Déjenla en paz!- dice Felicidad. Se acerca a Nené y la abraza como se abraza a una niña.
-Hay… Que miedo…- dice una de las voces- así que ahora tenés compañerita…
-Yo no soy compañerita de nadie- dice Felicidad- sólo trato de ayudar…
-Ay… Solo trata de ayudar…
-¿Saben por qué la dejaron en la ruta?
-¡Por qué es una morsa flaca!
-No, la dejaron porque…- se ríen- …porque mientras ella se probaba su vestido de novia, nosotras ya nos acostábamos con su maridito…- vuelven a reírse.
Las voces se escuchan cada vez más cerca. Es un griterío donde es difícil separar a las que lloran de las que se ríen.
-¡Por qué no se callan, cotorras!- grita Nené.
-¡Ya te vamos a agarrar, turra!
Felicidad siente bajo los pies el temblor de un campo por el que avanzan cientos de mujeres desesperadas. Nené comienza a retroceder hacia la ruta. Felicidad la sigue.
-¿Cuántas son…?- pregunta.
-Muchas- dice Nené- demasiadas.
Pero Felicidad no puede escucharla, los insultos son tantos y están ya tan cerca que es inútil responder o tratar de llegar a un acuerdo.
-¿Qué hacemos?- insiste Felicidad.
Entonces Nené adivina en ella los signos contenidos del llanto.
-No se te ocurra llorar- le dice.
Retroceden cada vez más rápido. Ya casi están sobre la ruta. A lo lejos, un punto blanco crece como una nueva luz de esperanza. Felicidad piensa ahora, por última vez, en el amor. Piensa para sí misma: que no la deje, que no la abandone.
-Si para nos subimos- grita Nené.
-¿Qué?
Ya están cerca del baño.
-Que si el auto para…
El murmullo las sigue y ya parece estar sobre ellas. No alcanzan a verlas, pero saben que están ahí, a pocos metros. El coche se detiene frente al baño. Nené se vuelve hacia Felicidad y le ordena que avance, y sin acercarse demasiado, oculta aún en la oscuridad, espera a que la mujer se baje para sentarse ella y obligar al hombre a conducir. Pero el que se baja es él. Con las luces recortando el camino aún no ha visto a las mujeres y baja apurado agarrándose la bragueta. Entonces el barullo aumenta. Las risas y las burlas se olvidan de Nené y se dirigen exclusivamente a él. Se detiene pero ya es tarde; en sus ojos el espanto de un conejo frente a las fieras. Mientras, Nené rodea el auto para subir del lado del conductor, pero cuando intenta abrir la puerta se encuentra con que la mujer ha puesto las trabas de seguridad.
-¡Abra, vamos! ¡Tenemos que subir!- dice Nené mientras forcejéa la puerta.
-Si se quiere bajar dejála- dice Felicidad- por ahí ellos sí se quieren.
Desde el interior del coche la mujer grita qué quieren, de dónde vienen, una pregunta tras otra. Nené grita y golpea desesperada los vidrios:
-¡Abrí, nena! ¡Abrí!
La mujer se cambia de asiento y enciende el motor. El hombre escucha el automóvil pero no se vuelve para mirar. Está absorto y parece adivinar, en la oscuridad, la masa descomunal de mujeres que corren hacia él.
-¡Abrí, tarada!- Nené golpea los vidrios con los puños, forcejea la manija de la puerta.
Detrás, Felicidad mira al hombre y a Nené, al hombre y a Nené. La mujer acelera nerviosa haciendo patinar las ruedas. Nené y Felicidad retroceden. Parte del auto cae a la banquina y las salpica de barro. Al fin las ruedas vuelven a morder el asfalto y el auto se aleja.
Aunque tras ellas los gritos de las mujeres continúan, el reflejo anaranjado de las luces traseras alejándose parece sumirlas en una silenciosa tristeza. A Felicidad le hubiese gustado abrazar a Nené, apoyarse en su hombro al menos. Es entonces cuando pequeños pares de luces blancas comienzan a iluminar el horizonte.
-¡Vuelven!- dice Felicidad.
Pero Nené no responde. Enciende un cigarrillo y contempla en la ruta los primeros pares de luces que ya están casi sobre ellas.
-¡Son ellos!- dice Felicidad- se arrepintieron y vuelven a buscarnos…
-No- dice Nené, y suelta una bocanada de humo- son ellos, sí; pero vuelven por él.